A veces pasan cosas que hacen que ocurran otras que ni siquiera esperabas.
Las semanas que han pasado han sido especialmente insoportables, noches en vela, mucha tvpara no permitirme pensar y sentir toda esta bronca y desesperación. Sí, esas son las palabras que definen lo que siento.
Todo ocurrió muy rápido. La mamá de mi novio, grandecito ya él (59 añitos) tuvo un ACV, estuvo internada y luego se fue a casa de su hija.
Él solo en su casa y yo ahí como siempre, incondicionalmente a su lado. Lavé, planché, limpié, cociné y oh!, o mejor dicho ay!!!, gran descubrimiento. En un cajón de su armario una caja de un medicamento. Abro la caja y estaba vacía, pero aún tenía el prospecto y por supuesto lo leí. Era viagra.
Con un hombre llegando a los 60, digamos que hay cosas que ya no funcionan como antes, lo noto desde hace un rato largo, pero nunca dije nada, por respeto, por no hacerlo sentir mal. Alguna vez casi se lo dije pero me pareció una crueldad, no me sentía con derecho a, lo que yo creía sería, herir su orgullo.
Me puse a preguntar e hice algunas averiguaciones por internet. Pude saber que el viagra tiene efectos secundariosy algunos son más que evidentes: la nariz congestionada, algo así como cuando estás con un fuerte resfrío y el otro la cara colorada y con temperatura superior a los normal. Los demás síntomas sólo se sienten y no se pueden ver.
Nunca ví en él esos síntomas, y siempre nuestras relaciones fueron iguales, después de tantos años, si algo fuera diferente yolo hubiera notado.
Aquí estoy, no le he dicho nada, no sabe que sé. Sacó la caja un día delante mío del cajón de su armario, hice como que no la vi.
Todo en mi mundo son preguntas, ato cabos, pienso en el exámen de HIV que encontré entre los papeles de su escritorio, pienso en todas las veces que lo llamé y tenía la nariz congestionada y decía que estaba resfriado y cuando nos escontrábamos más tarde ya no lo estaba. Fueron muchas, ya no podría ni contarlas. sobre todo en los fines de semana.
No sé que voy hacer, nada quizás, ya no sé como mirarlo.
A la distancia todo se ve mejor.
Pensé y escribí mucho en mi viaje.
Fue divertido pero también triste ver en lo que nos transformamos, mejor dicho en lo que me transformé.
Aunque me duela decirlo no me ha gustado.
Estoy sola, lo cual no significa mucho, si no fuera porque soy a tu lado alguien que quiere a solas, acompaña a solas, busca a solas, se proyecta a solas.
Por donde mire a mi alrededor estoy sola.
Adormecidamente sola.
Si ahora mismo cerrara los ojos sólo vería tu mirada, tus manos, tu frente, tu barba pinchándome pero que me dice que estás, que no te fuiste, que sigo ahí, sola esperando que vengas, para sola viajar en tu auto, sola estar entre tus cosas, sola irme a casa los fines de semana.
Las horas que estamos lejos preguntan dónde estás, con quién estás y vuelvo otra vez a empezar. Sola te busco... Sola te encuentro... Sola vuelvo a estar con vos.
Estoy perdida en medio de todo esto, pero puedo ver que algo falló.
Soñaba con que estuviéramos juntos, (“matemáticas egoístas” que le dicen), pero no tuve en cuenta lo que querías.
Tus silencios nunca me quisieron, siempre dijeron cosas que dolían.
Si no has partido estás a punto de hacerlo. Quizás no has querido decirlo, quizás estás tan lejos que has pensado que no es necesario decir algo, quizá tus pequeños indicios desparramados por ahí lo están diciendo a gritos y yo ahí, siempre esperando que hables cuando sé que tus silencios hablan más fuerte cuando estás queriendo irte. Y te veo alejarte con tus silencios a ese lugar que yo apenas conozco y a donde no puedo llegar.
Soy una mujer de muchas palabras, no hablo con silencios, quizá con vos aprendí a tenerle miedo a ese lenguaje, quien sabe, algún día quizás me toque a mi hacerlo y podré entenderte.
Aquí estoy en un mar de palabras que nunca se terminan, porque hoy siento que podría seguir escribiéndote todo el día mis palabras. Mi palabras que tus silencios quieren detener, pero no.... ya ves, todo se termina y mis palabras no.
Por suerte no la envié, recuerdo que ese día lloré mucho y hoy releerla me transporta a esa medianoche donde me fui de sus cosas y de su vida.
Hoy quería dormir toda la tarde. Caminé un montón esta mañana, hice colas interminables para pagar las tarjetas pero me decía a cada rato: "no importa, esta tarde me borro del mundo".
Y no.
Vinieron mis sobrinos y claro, querían ir al shopping y allá terminó mi soñada siesta.
Los esperé en la puerta y ahí estaban mis gordis con sus sonrisas de oreja a oreja dispuestos a la aventura de subir y bajar escaleras mecánicas, ver y tocar cuanta cosa existía, jugar en cuanto juego existe en Neverland y por supuesto comer algo rico.
Aquí estoy después de casi cuatro horas de travesía, tratando de estudiar y pensando: "no importa, esta noche me borro del mundo".
Esto estaba en el borrador y yo creí que se había borrado. Lo publico así como estaba:
Mientras hacía dormir a Sol mi sobrina de seis años sentí la fea sensación de no encontrar palabras para aliviar el desencanto y la tristeza.
Le conté cuentos, le canté y nada, no se dormía, estaba triste y pensativa.
Preguntó cuantos días faltan para comenzar el colegio, como le dije casi un mes, preguntó si eso era mucho; -sí, le dije.
Traté de entusiasmarla recordándole que volvería a ver a sus amiguitas y que tendría un mochila nueva y aprendería nuevas canciones.
- Sol antes te gustaba el colegio, le dije.
Si buscara algo que represente la tristeza sería su carita de anoche: - "yo pensé que era otra cosa", dijo.
Que podía decirle a mi gordi que imaginó el colegio como un mundo de juegos, amigos y diversión.
Era como un sueño roto. Me recosté con ella, después de lo que dijo sólo hubo silencio, la abracé y se quedó dormida.